Contaminación Lumínica

La contaminación lumínica afecta gravemente tanto a nuestros propios bioritmos como confunde e incluso mata a la vida salvaje, incluyendo insectos, aves (un reciente estudio estima que cerca de mil millones de aves migratorias mueren al año en Norteamérica por esto) y tortugas marinas. Hay que dejar claro que estamos hablando de un tipo más de contaminación producida por la actividad humana, que supone además un incremento muy notable de las facturas de luz de los ayuntamientos y particulares. Consecuentemente, este gasto innecesario de energía que se desperdicia iluminando los cielos contribuye a aumentar el efecto invernadero de la Tierra, dado que cantidades ingentes de dióxido de carbono son liberadas a la atmósfera sólo para producir esa energía que luego tiramos al cielo. Así, es muy importante que la sociedad se conciencie del peligro de la contaminación lumínica más allá del hecho de que impida disfrutar del espectáculo del cielo nocturno.

Muchos colectivos, incluyendo astrofísicos profesionales y astrónomos aficionados, llevan décadas informando del grave problema de la contaminación lumínica. La “International Dark Sky Association” (IDA) es el organismo por excelencia a la hora de proteger los cielos oscuros del mundo y los delicados ecosistemas que en ellos existen, además de promover la concienciación del problema en todo el mundo. IDA posee varios programas de conservación de oscuridad en parques nacionales, comunidades y reservas. En España la asociación “Cel Fosc” lleva años denunciando los problemas derivados de la contaminación lumínica y proponiendo soluciones reales. Asimismo, los observatorios astrofísicos en Tenerife (Observatorio del Teide) y La Palma (Observatorio del Roque de los Muchachos) llevan casi tres décadas protegidos de contaminación lumínica gracias a la “Oficina Técnica para la Protección de la Calidad del Cielo” (OTPC) del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Muchas comunidades españolas, como Cataluña, Navarra, Baleares, Canarias, Cantabria, Madrid, Castilla y León, Extremadura o Andalucía, poseen reglamentos para cuidar este tema, pero desgraciadamente muchos no son eficientes y en la gran mayoría de los casos no se están aplicando. Lo mismo ocurre en algunas ciudades, siendo uno de los casos más llamativos el de Córdoba, ciudad pionera en promulgar este tipo de leyes protectoras del cielo (1998), pero donde se cometieron importantes errores técnicos que aún no se han subsanado.